Como el mundo es redondo se aconseja no situarse a la izquierda de la izquierda, porque por esa pendiente el distraído, suele quedar de pronto a la derecha.Hay que escoger entre ser viento o ser veleta.
Armando Tejada Gómez - Poeta comunista

domingo, 9 de marzo de 2014

"Dicen que en la villa rifo el prestigio del exterior"


Cavallo lo mandó a lavar platos y fue al Max Planck de Alemania. Pero volvió a Soldati, donde nació.

Cuando Claudio Fernández empezó a trabajar como becario del CONICET fue justo la época en que Domingo Cavallo mandó a los científicos "a lavar los platos", como forma de justificar un brutal recorte al ya por entonces diminuto presupuesto para investigación. "No fue una frase desafortunada, es el contexto discursivo de una política de estado que redujo a supervivencia un proyecto científico", dice ahora Fernández. Como tantos otros, se tuvo que ir del país para poder dar curso a su vocación de investigador y terminó como jefe de un equipo en el Instituto Max Planck de Alemania, donde revolucionó el estudio del Mal de Parkinson al analizar la sustancia que destruye las neuronas de los afectados. Su equipo está ahora en Rosario –asociado con el Max Planck– con el proyecto inédito en Latinoamérica de desarrollo de fármacos de origen argentino para la cura de ese mal.
Pero Fernández no es un científico del montón. Nació y vive en Villa Soldati ("éramos tres hermanos que dormíamos en la misma habitación –recuerda– y mis hermanos tuvieron que acostumbrarse a dormir con la luz prendida mientras yo estudiaba"). Para sus vecinos de toda la vida sigue siendo Claudio y su casa es un desfile de chicos del barrio que van a consultarle sobre el futuro de las carreras científicas en Argentina.
Él llama "tener sensibilidad social" a ese motor que lo llevó, además de seguir investigando, a montar una estructura de comunicación de la ciencia en escuelas y sociedades de fomento junto a los Ministerios de Educación y de Ciencia y Tecnología. "Un tipo que estudia en una universidad pública tiene que devolver algo de lo que le dieron –dice– porque no es gratuita: alguien la está bancando y ese alguien es la sociedad. El hecho de haber salido de una familia sin tradición universitaria, ser la primera generación que se gradúa en la familia y el haber llegado utilizando herramientas de política pública es lo que te da esa responsabilidad social. No quiero ser ejemplo de nadie, es un compromiso social, algo que no se puede transferir y que es difícil de explicar."

–¿No es curioso que para algunos científicos resulte difícil de aceptar el compromiso social?
–Yo no le puedo contar a muchos de mis colegas por qué voy a zonas carenciadas porque no lo entienden. Me dicen que estoy rifando el prestigio de ser director de uno de los institutos más importantes de Latinoamérica. Cuando es precisamente por eso que me siento responsable. Yo sigo en Soldati porque ahí hay muchos pibes marginados y excluidos y yo sé que soy un grano en el culo, ahí. A mí esos pibes me referencian y no me pueden decir "no se puede". Los fines de semana mi casa parece un consultorio de orientación vocacional. Y yo contento, porque la idea es contagiar.
–Antes de seguir con la cuestión de la difusión científica, ¿en qué consistió el descubrimiento que hiciste en Alemania?
–Eso fue en 2004, en el Max Planck trabajaba con un equipo de argentinos que había reclutado sobre una enfermedad neurodegenerativa que es el Parkinson. La neurona involucrada genera una proteína que en vez de beneficiarla la termina matando. Si vos querés saber cómo proteger la neurona, lo primero que tenés que saber es cómo es esa proteína, decíamos entonces. Lo que hicimos en Alemania fue eso. No seguir trabajando sobre la neurona sino establecer exactamente cómo es y cómo se comporta esa proteína, lo que cambió la orientación del estudio del Parkinson. Me acuerdo que en ese momento le hicieron una nota al director del instituto y el tipo dijo que los científicos argentinos eran de gran provecho para la ciencia alemana y que sería muy deseable que la ciencia argentina tuviera estos niveles de tecnología. En esos momentos no teníamos en Argentina ni un equipo de resonancia magnética de alto campo, una inversión bastante grande que se necesita para la investigación. En Latinoamérica había uno sólo en Brasil y allá, nada más que en el laboratorio al que yo fui había diez.
–Pero al poco tiempo de ese descubrimiento volviste a la Argentina.
–Apostamos a volver cuando vinieron Néstor y Cristina con Lino Barañao a Alemania a contar el proyecto y fueron muy convincentes, estuvieron en el Max Planck. Mi esposa me dijo: "¿Vos dónde estudiaste? Por qué los chicos no van a lograr lo que vos lograste en la universidad pública de allá?" Evaluamos el entusiasmo por hacer ciencia en Argentina y el hecho de que mis dos hijos extrañaban a sus abuelos y sus primos y tomamos la decisión de volver en 2006.
–Y acá hiciste otro descubrimiento.
–Lo hice en Argentina en 2009 con becarios del CONICET y estudiantes de doctorado argentinos y con el primer equipo de resonancia magnética (que entra al país en 2006 porque lo pedimos como condición para el regreso). Ahí lo que dijimos fue "es esta es la parte de la proteína que es clave para matar la neurona". Te lo ejemplifico: si vos necesitás tener la mano derecha libre para agredirme y yo te bloqueo las piernas, la cabeza y la mano izquierda, vos me seguís agrediendo. Pero como yo sé que usás la mano derecha, porque te descubrí en el 2004, ahora sé que forma tiene que tener mi fármaco para evitar que me agredas. Eso revolucionó la investigación en este sentido. Ahí vino un ofrecimiento concreto para volver a Alemania, para desarrollar todo esto allá. Me reuní con el ministro Barañao y le dije que teníamos la posibilidad de ir hacia un proyecto de descubrimiento de fármacos para Argentina y Latinoamérica. Les dije que si nosotros descubríamos esto iba a ser un golazo. La mayoría de mis colegas me dijeron que estaba en pedo. El Ministerio me apoyó y el año pasado hicimos el lanzamiento de esa plataforma de investigación y desarrollo de fármacos en el que el gobierno invirtió 22 millones de pesos, cinco millones de dólares. Pero nada más con los ingresos que tenés por patentamiento si este proceso entra en fase clínica –porque ahora estamos en fase preclínica, con animales– si en el 2021, por ejemplo, entra en el circuito comercial puede generar ingresos por 5000 millones de dólares que le quedan al Estado argentino. Y el gobierno invirtió 5 millones de dólares. Es evidentemente un motor de desarrollo económico, es un proyecto que hay que cuidar y que no hay nada similar en la región.
–Ahora sí, hablemos del proyecto de divulgación científica.
–El proyecto se llama País Ciencia y trabaja con el conocimiento como bien social. Empecé dando charlas en Rosario en los bares, en algo que se llamaba café científico. Porque me rompía mucho las pelotas que me llamaran para conferencias internacionales y acá nadie sabía qué estábamos estudiando. Y eso hay que modificarlo, porque esto son políticas públicas. Si viene un gobierno de otro signo y quiere patear a la mierda todo esto ¿voy a venir con el instituto Max Planck o con mis publicaciones prestigiosas a detenerlo? Ni en pedo. Lo único que puede detener un proceso como el de los noventa es una sociedad informada de sus proyectos y orgullosa de su ciencia. ¡Nos banca el Estado, contar lo que hacemos es parte de nuestra obligación, de nuestro laburo!
–¿En qué consiste?
–Tiene varias patas, por un lado son charlas de científicos en escuelas y sociedades de fomento, por otro lado son acercamientos científicos a realidades geográficas y sociales. Es una experiencia de comunicación de la ciencia y difusión pública del conocimiento. Y hay un plan que venimos armando desde hace rato que tiene que ver con cubrir esta brecha entre ciencia y sociedad. El científico tiene que acercarse, no esperar que la sociedad venga a pedirle cuentas. Y con los pibes, el objetivo es generar igualdad de oportunidades e incentivo de conocimientos. «


Viajando del sur porteño a rosario
Como si no tuviera suficiente trabajo, Claudio Fernández es también Director del Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario.
"Quisimos instalarnos allí para descentralizar la ciencia de Buenos Aires", explica. Pero como no se quiere ir de Soldati, viaja todas las semanas hasta esa ciudad santafesina donde dio inicio a las charlas informativas sobre ciencia. "Eso creció y ahora con la plataforma País Ciencia lo vamos a reproducir a escala nacional", explica.
El instituto inauguró recientemente un edificio –ubicado en el predio del Centro Científico Tecnológico CONICET Rosario– con cuatro pisos y una superficie de 4000 metros cuadrados. Allí trabajarán alrededor de 250 investigadores con el objetivo de contribuir a la creación y la difusión del conocimiento científico a través de la investigación y la docencia, y el desarrollo de investigaciones en las áreas de Biología Molecular y Celular, Bioquímica, Biología Estructural, Genética, Microbiología y Biología del Desarrollo.
"Del 0,2 % del PBI que Argentina dedicaba a ciencia y tecnología, pasamos a un 0,8", graficó la presidenta Cristina Kirchner en el acto de inauguración del lugar. Fernández es parte de ese crecimiento.


Una organización muy prestigiosa
La Sociedad Max Planck para la Promoción de las Ciencias es una red de institutos de investigación científica de origen alemán cuyo nombre honra la memoria de Max Karl Ernest Ludwig Planck, el físico alemán considerado el fundador de la teoría cuántica, ganador del Premio Nobel de Física en 1918. Es una organización independiente y sin ánimo de lucro fundada por los gobiernos federal y estatal de Alemania que tiene una de sus sedes en la ciudad de Göttingen, donde Claudio Fernández residió. Göttingen está ubicada en el centro de Alemania, tiene 120 mil habitantes y su universidad (fundada en 1746, es decir, 70 años antes de que en estos pagos declaráramos la Independencia) tiene 46 premios Nobel asociados. El último Premio Nobel de Medicina es de esa universidad. Después de Harvard, es la institución más prestigiosa en lo que respecta a la investigación en ciencias. La crisis europea obligó a un recorte de presupuesto y, aun así, tiene asignada para este año la cifra de 2000 millones de euros.

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