Como el mundo es redondo se aconseja no situarse a la izquierda de la izquierda, porque por esa pendiente el distraído, suele quedar de pronto a la derecha.Hay que escoger entre ser viento o ser veleta.
Armando Tejada Gómez - Poeta comunista

martes, 16 de septiembre de 2014

El chavismo después del Congreso del PSUV


El III Congreso del Partido Socialista Unificado de Venezuela, realizado en la última semana de julio bajo las sombras de la transición más compleja del país y el movimiento chavista, deliberó y votó sobre asuntos importantes, cuyos resultados se definirán mucho más allá de la liturgia de su ambiente y sus resoluciones. Como casi todos los congresos partidarios, cuando representan a movimientos masivos y gobiernos cruzados por múltiples presiones enemigas y tensiones internas, el del PSUV contuvo las principales señales de la transición traumática de Venezuela.
Esas señales se pueden clasificar en económicas, sociales, de conciencia, políticas de gobernabilidad y las más sinuosas pero no por ello menos reales: las que expresan los estados de conciencia en los sectores sociales que componen la base de la organización y sus diversas expresiones ideológicas.
Se trata de tendencias verificables, algunas nacidas hace algunos años, como la fragilidad gubernamental o el agotamiento del modelo económico, otras más recientes, como aquellas que hablan de estados de ánimo declinante en la militancia, en la vanguardia de los cuadros más comprometidos. Al mismo tiempo, también estuvo presente en el encuentro nacional del partido chavista, la orientación de la nueva estructura del poder gubernamental y partidario.
El congreso fue un retrato complejo de ese proceso en marcha. Se consolidaron nuevas instituciones en el armado del sistema político.
Íconos y jefaturas
Una de ellas es la presencia central como segunda figura del poder, del dirigente partidario Diosdado Cabello, actual titular de la Asamblea Nacional, que hace apenas dos años y medio permanecía en los márgenes como un diputado de segunda en una provincia alejada del centro político nacional. Esta vez, Cabello obtuvo muchos votos, superando los obtenidos en el Congreso de fundación del PSUV, en 2007, cuando fue el dirigente menos votado y el único abucheado por los más de 3.500 delegados.
El caso más llamativo de institucionalización fue el del líder bolivariano. Desde los tiempos revolucionarios del siglo XX, con Lenin embalsamado (bajo orden de Stalin), de Mao convertido en ícono milenario de China, o los casos grotescos de purificación espiritual de Henver Hoxa en Albania o del Kim il Sung en Corea, o de figuras del nacionalismo latinoamericano como el de Evita, no hay registro de tamaña canonización de un ser vivo en tiempos presentes.
La Resolución N° 1 del congreso consagró al comandante Chávez como una entidad colocada por fuera de los tiempos y dimensiones humanas: “Reconocer al Comandante Supremo Hugo Chávez Frías, como Líder Eterno y Presidente Fundador del Partido Socialista Unido de Venezuela, como homenaje amoroso de quienes nos sentimos sus hijos e hijas… En consecuencia… a partir de este mismo momento, toda la militancia socialista reconocerá al Comandante Supremo Hugo Chávez Frías, como Líder Máximo y Presidente Fundador del Partido Socialista Unido de Venezuela” (Plenaria Nacional del III Congreso Socialista el día 26 de julio de 2014).
También fue institucionalizada la figura de Nicolás Maduro como factor de poder terrenal entre el partido, el Estado y sus Fuerzas Armadas, dándole a esa unidad un nombre que hasta antes de él, sólo ostentó el líder fundador del movimiento bolivariano. Esta vez, la unidad cívico-militar personificada por Hugo Chávez durante 19 años intenta ser asumida por el heredero, sin que ello sea suficiente para garantizar la estabilidad y los equilibrios que imponía la presencia del Comandante.
Para consolidar su rol en un movimiento que no acepta, por ahora, menos de lo alcanzado como ideología de cambio, Nicolás Maduro propuso sus Cinco Tesis en el discurso de Instalación de la Plenaria del III Congreso Socialista: “1. Sin Socialismo no es sostenible la independencia y la soberanía en Venezuela; 2. La tarea más importante de la Revolución Bolivariana en la nueva etapa es el desarrollo de una economía productiva socialista; 3. El socialismo es democracia y la democracia es socialismo; 4. La primera Revolución es en el espíritu; 5. El mundo multicéntrico, pluripolar, y la unión Latinoamericana y Caribeña, garantizan la paz y el equilibrio en el planeta.” (Acta de Decisiones Aprobadas en la Plenaria Nacional del III Congreso Socialista del Partido Socialista Unido de Venezuela. 26 al 31 de julio de 2014)
Uno de los cuestionamientos más sentidos del encuentro fue el método de selección de los delegados. La mayoría fue por cooptación o simple designación de algunas cúpulas regionales. Esta molestia fue condenada en las resoluciones, pero sobre todo en las deliberaciones. Esa vieja mala maña cupular impidió la participación entusiasta de la mayoría militante, que no actúa dentro del PSUV, sino en las Comunas, los consejos, los comités, las cooperativas, los sindicatos de base. En el PSUV funcionan unas 12 corrientes internas, entre las más radicales hasta las más posibilistas. El control en la selección de los delegados impidió que estas corrientes nutrieran al congreso con sus opiniones y aportes, excepto en el caso de una llamada Marea Socialista, que logró posicionarse mediante una interna abierta y participativa con participación de muchos activistas y dirigentes sindicales y comunales y de intelectuales reconocidos del chavismo.
Tres sensaciones
Ese ambiente litúrgico no pudo evitar la presencia de tres personajes centrales que actuaron como sensaciones en el escenario, durante los días de debate y resoluciones. Una, inevitable como una fuerza cósmica, fue la imagen de Hugo Chávez, representada por centenares de retratos móviles que cada delegado mostraba delante de su rostro anónimo, además de gigantografías y pensamientos del Comandante, todo alterado por su voz estentórea emanada de techos, rincones y pasillos del congreso como si estuviera vivo.
El segundo personaje es una sensación más difusa aún, pero más real, representada por la pequeña franja de militantes que acudieron a llamado de la dirección partidaria para ocupar las 980 sillas del Congreso partidario. Aún siendo pocos, en relación con los más de 7 millones de inscriptos o en relación con el total de gente que mantiene una actividad política constante en Venezuela, fue muy expresiva de la realidad en marcha. La mayoría de esos centenares de militantes del PSUV fueron a buscar respuestas a las preguntas que definen la complicada situación del gobierno, el movimiento y el proceso.
El tercer personaje de este Congreso, convertido en una sensación protagónica difusa, brotó de la unidad de los dos anteriores y se llamó incertidumbre.
De sus definiciones en curso dependerá, en buena medida, la perspectiva y la dinámica del proceso revolucionario abierto, tanto como el destino de las conquistas sociales, políticas y culturales de los cinco gobiernos del chavismo entre 1999 y 2019.
 Contextos y dilemas
Los hechos, datos y circunstancias que rodearon el evento nacional del chavismo, determinaron sus resoluciones, pero también sus límites. La convocatoria fue hecha en enero de este año, inmediatamente después de la victoria abrumadora del PSUV en las elecciones de alcaldes y concejales. Pero ese mismo mes apareció la señal de la violencia desatada por las fuerzas derechistas apenas treinta días después. El impacto político de los 43 asesinados, los centenares de heridos y presos y los destrozos insoportables en cuatro ciudades, torcieron el rumbo al gobierno imponiéndole mesas de negociación económica y política.
Este escenario era impensable un mes atrás, pero en ellas la oposición pudo imponer algunos retrocesos al gobierno con efectos dañinos para el movimiento y el partido al mismo tiempo. La vanguardia fue conmocionada de una manera que sólo vivió en abril de 2002, porque sintió por segunda vez que todo se había puesto en riesgo.
Al revés del golpe de hace 12 años, en esta ocasión el movimiento chavista no salió por cientos de miles a las calles para enfrentar la embestida fascista. Tampoco la apoyó. Pero esta actitud de deferencia y desapego impidió que la derrota de la “revuelta de ricos” de febrero y marzo, tuviera la contundencia del 13 de abril de 2002, cuando su impacto político-militar impuso un salto en la conciencia popular y abrió el período de mayor transformación revolucionaria en los 15 años del régimen chavista.
Entre la convocatoria de enero al Congreso del PSUV, sobre un triunfo electoral, y su realización a finales de julio, media el más serio retroceso gubernamental en la calle y en la economía y la más sensible preocupación de la amplia vanguardia chavista por su destino y el destino de su gobierno y su proceso. Los delegados llegaron a Caracas cargados con los pesos múltiples de esta incertidumbre social.
Un segundo dato de contexto que condicionó al congreso partidario fue/es el colapso de la economía, un acontecimiento nacional originado a mediados del año pasado por la combinación de dos fuerzas actuantes. Una, es el agotamiento de la política económica aplicada por el Comandante Chávez hasta 2012 (institucionalmente conocida como Proyecto Nacional Simón Bolívar, el nombre vernáculo del plan económico de 2006 a 2012). Ese plan logró introducir fisuras en la economía rentista petrolera tradicional y comenzar a desarrollar nuevos segmentos y ramas industriales. Pero al no poder superar la estructura rentista con una nueva matriz productiva relacionada estrechamente con las economías del ALBA, y sobre todo de Argentina y Brasil, todo lo avanzado se devolvió y la cultura rentista terminó dominando, mediante la irracionalidad burocrática y la corrupción, las grandes empresas y proyectos industriales. El resultado es el descalabro de la producción, la perversión de un financiamiento discrecional en dólares y la ruptura de la cadena de distribución. Esa dinámica regresiva y frágil, bien aprovechada por la derecha enemiga del gobierno de Chávez, hasta 2012, luego de Maduro, terminó por generar el mayor desbarajuste económico y la mayor angustia social, tanto en el pueblo chavista, como en el otro.
Uno de los delgados advierte con inteligencia este asunto: “Nuestro éxito va unido al logro, en el breve plazo, de poner en movimiento la maquinaria productiva agropecuaria e industrial y utilizar con puntería los recursos que nos reporta el petróleo. Si es necesario, como urgente, un Congreso exclusivamente económico”. Y para que se entienda la relación entre las deliberaciones dentro del Congreso del PSUV y la sociedad cotidiana de la que dependen el partido y su congreso como el gobierno, este chavista de base señala los síntomas de la enfermedad: “Nos referimos a los nudos que afectan el día a día de nuestros ciudadanos. Hablamos de lo que la gente siente y piensa, a su manera y sin excesivos tecnicismos, de la economía, de la inflación, de la escasez de una lista de productos alimenticios, del acaparamiento que no se castiga, del contrabando con cómplices que no termina, de la lista de corruptos, rateros y ladrones privilegiados, para quienes la aplicación de la Justicia no llega porque raudos y veloces salen a sus anchas por los aeropuertos.” (“Después del Congreso”. Juan Azócar, Aporrea 05/08/14)
Un tercer dato fundamental que rodeó las deliberaciones del III Congreso del PSUV fueron las luchas y demandas sociales y el debate sobre ellas dentro y fuera del partido. Desde el año pasado, se registra un crecimiento de las luchas obreras y no obreras contra la reducción del ingreso salarial y el derecho a contratar derechos colectivos. Uno de los retrocesos impuestos por las Mesas Económicas de negociación con la oposición desde abril de este año, es el serio intento de desmontar la estructura legislativa progresista que protege derechos básicos del trabajador. Uno es el de la estabilidad, otro muy doloroso a los patrones es el que los obliga a pagar todos los gastos en salud laboral mediante un organismo de poder interno llamado el Comité de Salud Laboral. Pero el retroceso fue más lejos: por primera vez, los capitalistas se atrevieron a solicitar la devolución de plantas expropiadas o estatizadas y puestas bajo control obrero, y por primera vez, también, una parte del gobierno se atrevió a dejar abierta una puerta a esa solicitud.
El ambiente que rodeó las deliberaciones del PSUV y el estado de ánimo de buena parte de los delegados, impidieron a la dirección partidaria someter ese tema a consideración. De hecho, el acto inaugural estuvo cruzado por la tensión entre Diosdado Cabello, segunda figura en el Congreso y en el gobierno, por haber atacado a los trabajadores en lucha de la más grande empresa metalúrgica, Sidor, la misma de donde la base obrera echó a la multinacional argentina Techint. “Los sidoristas amenazados por Diosdado Cabello dieron una respuesta contundente con una movilización masiva y una respuesta pública a estas amenazas que se convirtió en la noticia más debatida en el país horas antes de iniciarse el Congreso del Partido” (“El Congreso del PSUV y la Venezuela que viene”. Carlos Carccione, Aporrea, 05/08/14)
Por el peso específico que manifiestan en el conjunto del movimiento obrero venezolano, ambos casos manifiestan las tendencias de una realidad que va mucho más allá de la clase trabajadora industrial. En realidad, es una de las maneras en que el conjunto de la sociedad está manifestando su descontento con una realidad económica y social incómoda, por momentos angustiosa.
El tercer elemento importante en el contexto que rodeó al III Congreso, fue el debate ideológico, político y programático que cruza en varias direcciones la vida interna del chavismo. Este fenómeno comenzó con la enfermedad de Chávez y se potenció desde su muerte atravesando el año y medio de gobierno de Nicolás Maduro. Es un debate transversal del que participan los militantes dentro de sus organismos, o mediante sus comunas, sindicatos, comités y consejos, sin excluir a muchos cuadros de las fuerzas armadas.
Para los enemigos de derecha e izquierda del chavismo, dentro y fuera del país, las discusiones al interior del movimiento bolivariano, eran el síntoma que anunciaba su explosión y muerte, y con ella, lo más deseado por ellos: la desaparición para siempre del gobierno fundado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro. Este desprecio por la democracia deliberativa y la cultura de rebeldía que identifica al movimiento chavista, les jugó una mala pasada. De esa controversia múltiple han surgidos las renovadas energías, muchas veces teñidas de ilusión, con la que llegaron al III Congreso casi mil delegados. Todas las presiones desde la maquinaria del poder y el partido y el propio desgaste al interior de la militancia, no han logrado borrar esta manera de comportarse del chavismo.
El III Congreso contuvo la tensión entre por lo menos tres distintas tendencias: la rebeldía de una parte de la base, el control de la cúpula y una conducta pasiva, de retroceso ideológico, deferente y acomodaticia en un sector del chavismo que entiende que no hay que avanzar más, que es suficiente con lo avanzado. Quizá se trate de una forma de cansancio social en franjas de masas que no sienten correspondencia entre el sacrificio puesto al servicio del gobierno, su partido y sus líderes y los resultados en la vida cotidiana.
De las manifestaciones de rebeldía hay suficientes muestras. Veamos las que hablan de la tendencia al desánimo y la connivencia.
De las expresiones escritas del Congreso, extraigo una que retrata esta tendencia a consolidar un modo de ser en el que la transformación se subordina a la conformidad y la resignación, la conducta crítica se somete a la doctrina oficial y la ideología se arrodilla ante los símbolos mediante los cuales el culto a la personalidad conforman una nueva fe, sin la cual no es posible el dominio de alguna minorías:
“El III Congreso se ha grabado para siempre en las páginas de la historia venezolana, las UBCH y sus delegadas y delegados nos dieron muchas victorias políticas, menciono ocho: El Comandante Supremo Hugo Chávez es a partir de ahora nuestro Presidente Fundador y Líder Eterno del PSUV, un reconocimiento a nuestro padre y mentor político, nuestro guía y faro al Socialismo.
Por aclamación Nicolás Maduro asume la presidencia del PSUV y lo ratificamos como nuestro líder conductor y orientador hacia la consolidación del Partido y del Socialismo.
El chavismo nace como nueva doctrina política: ser chavista implica asumir un conjunto de valores, de prácticas, de conocimientos y estudios, constituye una nueva cultura política, se definirá para que no quede sujeto a interpretación de cada quien.
El Congreso obtuvo la atención de todos los sectores de la sociedad venezolana y de la comunidad internacional, nos crecimos y dejamos claro que somos una organización política distinta, nueva, con mucha mística.
Dejamos constancia de que somos ejemplo de democracia: un partido que no le teme a sus bases, toda su militancia puede expresarse, está organizada, gozamos del derecho a la participación, es un partido públicamente critico y autocritico, fundamental en el ejercicio de la democracia.
Internacionalizaremos la lucha, Venezuela es la referencia del Socialismo en el mundo, por tanto tomamos la iniciativa de llamar a las organizaciones de izquierda del planeta, la vorágine imperialista es global y por ello la unidad de los pueblos es necesaria en lo programático.
Con las UBCH asumimos la radicalización de la Revolución, vamos hacia la transformación estructural del país, hacia la conformación de poderosas tácticas antiimperialistas en el cumplimiento cabal del Plan de la Patria, es definitivo, ¡Vamos al Socialismo Bolivariano y Chavista!
Derrotamos a la MUD, una vez más.” (II Congreso del PSUV: 8 Victorias. Edwin Velásquez. Aporrea, 04/08/14).
En la tentación milenarista y la realidad de una sociedad en traumática transición, el chavismo buscó en este Congreso algunas de las respuestas a una crisis cuyos resoluciones finales encontrará en la vida social y sus movimientos.
 

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